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La Coctelera

EL CLAVADISTA SOLITARIO

Excusas absurdas para la supervivencia de Julian Bluff

4 Mayo 2009

HACERSE EL MUERTO

Underneath

 

Recuerdos encerrados en cajas de vino. Las vio alejarse flotando, sin hundirse, más allá de la mente, más allá de su cuerpo.

Había quedado libre. Libre de goces, libre de culpas, también exonerado de azares y resentimientos. Era un hombre nuevo. Otra persona.

Fue hasta un kiosko y compró el diario, entró en un bar y pidió una caña. Le resultó familiar el rostro de una mujer del periódico que anunciaba compresas en la página quince, pero el que él conocía a esa hora se encontraba atravesando el tiempo entre listones de madera húmeda. Pagó la cerveza y dijo adiós.

Al salir al paseo volvió a mirar el móvil. Nadie le había llamado. Borró todas las direcciones de la agenda y escribió otras distintas. Inventó nombres y números. Los que quiso.. Pensó en ella, una vez más. "Quizás sea la última" también pensó.

Pero sabía que eso era imposible. Y, aunque desfigurar el pasado a su antojo no le había llevado mucho más allá de diez minutos, todas aquellas disgresiones absurdas que hizo en relación con el teléfono le sirvieron para cerciorarse de que en la práctica, los hombres, las mujeres, la vida la sentimos ante todo como una concatenación de recuerdos desafectos a la cronología.

Alegre y confundido, colmado, casi amnésico, se acomodó en un banco que había encima de un morro donde soplaba a rachas el viento del sur. A su espalda estaba el faro: apagado, quieto, lleno de revoques y costras de cemento y cal.

Las gaviotas le chillaban con rabia a la tarde.

Acudió a la baranda intrigado con la perspectiva, improbable, de poder ver pasar ante sus ojos las cajas cerradas. Llueve. Rompe a llover en un suspiro. El mar no arrastra caja alguna: de su virtud forman parte los arrestos de no plegarse ni a las voluntades de los hombres ni a los designios de los dioses. Es el mar.

Y él sonríe. Se sabe ganador de una partida de ruleta rusa. Echa a correr.

Su reflejo se expande por los escaparates de las tiendas. Lleva los cordeles de la capucha desatados. Tiene la cara fría. Corre.

Y corre... y corre... sin detenerse. Con la mano que guarda en el bolsillo acaricia una pequeña bala sin percutir. Un billete de autobús usado. La cabeza aplastada de un clavo sin punta.

4 Marzo 2009

CUBITOS DE HIELO

 

Pedí cubitos de hielo para la coca cola; tú le mirabas al sol con la seguridad de que sus rayos no te iban a derretir de repente, con el recelo soterrado de saber que las células de la piel acostumbraban a morír poco a poco por oxidación. El fin de semana empezaba entonces: eran las seis y media de un viernes y los vaivenes de la felicidad nos confundían. Pétalos de margarita: sí, no.. sí, no.. sí, no.. . Sorbos de margarita. No habíamos adquirido aún el buen hábito de saber apreciar el sabor a tierra y agua que aposenta en el gusto, tenue, progresivamente, el desengaño. 

Sentados en la bancada infinita del paseo marítimo, con el sol enfrente, testigos de cargo del premioso avance de la tarde, intentábamos ser felices. Dos extraños en una ciudad de extraños.

Acostumbrábamos a salir a flote amando las ciudades, nuestra intención no era otra que la de estar dispuestos a todo siempre que hiciera falta. Nuestro destino, desaparecer en silencio y con calma como bloques de hielo perdidos en el océano.

En el hotel entrelazamos nuestras manos una vez más, nos besamos despacio junto a la terraza abierta, culminamos nuestra búsqueda de la satisfacción con sexo.

El aire acondicionado -su zumbido- acentuando la soledad, las cortinas de lino medio corridas, tu cuerpo desnudo sobre las sábanas blancas, fortalecían mi ánimo. No hablamos de proyectos, no hablamos de amor. Sabíamos que una pequeña porción de la tarde continuaría consumiéndose -como le pasa inevitablemente al tiempo- ajena por completo al amor y el odio. Indiferente a nuestras ilusiones. Sabíamos que las manos fraudulentas de la noche nos conducirían de nuevo hasta un restaurante lleno de turistas blancos como nosotros: zánganos angustiados perdidos sin remisión en los panales del tiempo. Pretendíamos creer que el desfile de palmeras desgreñadas a lo largo del malecón nos animaría con su presencia a seguir adelante. Ese era el secreto. Seguir adelante. Hasta desaparecer en silencio y con calma igual que bloques de hielo perdidos en el océano.

Otras ciudades nos estarían esperando en otros confines: parajes inmóviles, umbríos, sobrevolados por los cóndores, en los que los rumores del musgo enjuagarían las estrías mudas de las piedras.

Y, gracias a ellas, o a otros paisajes incógnitos, vaciábamos nuestros pensamientos de miedos e inseguridades para pensar en ellas, los congelábamos en el vacío pensando en ellas, para que, como bloques de hielo que fluyen en el océano, nuestras vidas pudieran ir acercándose despacio y sin precipitaciones hacía esos bellos rincones del planeta cuya humedad y calor contribuirán a depararnos, no sin cierta ternura, la destrucción irremisible que cabalmente nos pertenece.

 

1 Marzo 2009

PINTANDO LA MONA

Hola a to'a la banda, soy el Rober!

Le dejamos aquí a su aire, al señor Julian, pa' que contiúe, dale que te pego, mareándoles con sus recalcitrantes comeduras de tarro, y nosotros: un servidor, el Güili, el Míguel, y demás... , nos vamos a pintar la mona a

 http://mente-tuneada.blogspot.com/

Y así podrá despacharse a sus anchas otra vez el buen hombre... quién seguro que estará pensando de nosotros: "tanta paz llevéis como descanso dejáis...". O algo por el estilo.

¡Si no lo conoceré yo bien al peazo mamón!.

23 Febrero 2009

¿QUE COÑOS ES ESTO?

CHINAS

chinas por Nicow1.

   

Va el otro día el Guille y me pregunta si me he tirao alguna vez a una china, así a bocajarro: ¿tú t'has tirao alguna vez a una china?" Y el cabrón me pilla en pelotas porque estoy harto de decirles a él y a to los demás comemierdas que conozco que me lo'he follao tó, pero tó, y no es plan de abuchararme a las primeras de cambio. Pero, coño, hay que reconocer que la pregunta de los cojones tiene su miga, porque no es lo mismo follarse a una china que una yanqui o una sueca. Me preguntan: ¿tú ta's follao alguna vez a una yanqui? Y contesto que sí, de fijo. Me preguntan: ¿tú ta's follao alguna vez a una sueca? Y también contesto que sí, de fijo, aunque no haya visto a una sueca de carne y hueso en to'a mi puta vida pero si se las'han follao el Alfredo Landa y el José Sacristán y to's esos gualtrapas de cine de barrio no voy a no habérmelas follao yo que molo un mazo más que tos ellos juntos, y por separa'o ¿o no?. Pero ¡una china!. Pues joder, no sé, porque Madriz está to lleno de chinas, las que te venden las flores y las que venden bocatas por la noche y las que te dibujan el nombre con palitos, y aparece un patito, y un cerdito, y toa esa monserga filipina. Y las de "los chinos" tammién, claro, ¡nos ha fastidia'o!. Te metes a papear a un chino y las camareras toas son chinas. Chinorris, chatis, así mu serias, mu mustias, sin na' por arriba ni na' por abajo, como si las jodías estuviesen extriñías de zampar tanto arroz. Y donde se compra la priba en el barrio del Migue tammién son chinos. Y a' la'o de la parroquia donde va a misa mi vieja hay otros. La hostia en bici, los chinos de Madriz. El foro está to lleno de chinos, vale. Pero, mira tú por donde, no tengo ningún colega que ma'haya dicho que s'aya tirao a una china. Ni uno. ¡Igual es que no se puede, qué tu tammién tienes que ser chino pa' poder hacerlo!. Vete tú a saber.

 Entonces voy y, después de pensármelo un güevo, como ya habréis podido deducir a poco cerebro que tengáis de to'el rollo que os llevo largao, le contesto al Migue que no, que no me he follao a una china en mi puta vida. "Pues hoy vas a estrenarte con las chinas, Albertito", me suelta el muy cabrón, así: en plan chuleras, como si él todos los días el fuese el cabrón y yo el soplapollas, como si cada vez que se le pone en la punta'l nabo el tío fuese y se zumbase a siete u ocho chorvas una detrás de otra, en batería. "Y una polla, Farruquito" le contesto, tajante, sin más, a mala hostia, porque cuando un listo se cree que va a poder tocarme los cojones, me enchirulo. "Tú eres pavo, chaval ¿o qué te pasa?". Me empiezo a cortar, aflojo, porque, me lo sé ya de otras veces, esos aires de superioridad conmigo sólo pueden significar una cosa: que el Güili hoy va forrao, que maneja, o sea. "Vale tío, lo que tú digas ¿a dónde vamos?". "Tú, no sé, a lo mejor a meterte unos phoskitos por el culo, pero yo ahora mimmo pienso ir a donde el Pipi a aplicarme unos cubas". "Vale. Voy contigo".

 El Pipi está de espaldas toqueteando la pletina. Empieza a sonar a toda hostia un disco del Prodigy. "S'tas colgao" le suelto al pavo cuando se gira pa' vernos a nosotros. La clientela.

 "A mi uno de DYC, hasta arriba", le pide mi colega al moñas del Pipi. "A mi uno de Balentains, como si fuera para ti" le pido yo, soltándole la fracesilla esa que digo to´el rato en los bares para quedarme con la peña. "Como no me pongas a los Deep Purple, Pipón, te quemo el chiringo" le avisa al Pipi al lao nuestro, un jevi, gordo, seboso, con pinta de ser mu buena persona. El pipi pasa millas del tema y se pone a agitar la cabeza a espasmos mú cortitos... pese a ser solo las cinco y media la tarde y hacer una calor que derrite las farolas. "Tío, para ya de una puta vez de mover el cuello" le aviso "¡que pareces una gallina!", le ilustro. El va y se rie. El maricón tiene podríos un montón de dientes.

 Cuando vamos ya por el cuarto cacharro, no puedo resistir, a mi el alcohol me pone burraco, y le suelto al Guille: "¿qué coños pasa con lo de las chinas?". El gilipollas se rie y no me contesta. Sólo se rie como un gilipollas. Le digo que es gilipollas, me coge por un hombro y con el careto a dos milimetros del mío -puedo sentir la humedad de su aliento en la oreja- me suelta, el cabronazo: "te amo Albertito" y me plantifica un beso, baboso, de guarrón, en to' enmedio el carrillo. El hijoputa consigue que yo también me ría. Siempre termina lográndolo, por eso es mi amigo. Y yo, dale, más pesao que una vaca en brazos, como diría mi difunto padre: "¿qué que cojones va a pasar con lo de la china?". Venga, vamos, me dice, y me collejea, y me guiña un ojo, y, según nos estamos marchando del pub, le deja al Pipi encima 'la barra dos billetes de veinte napos hechos un buruño.

 -"¿Y... las vueltas?".

 -"Las que tú y yo nos vamos a dar con las pibas a partir d'ahora, pedazo mamón".

 -"¡Cómo esto sea otro más de esos putos vaciles tuyos, te vas a enterar...!".

 -"Qué no, chaval, sigue leyendo el blog del Clavadista, copón".

 -"¿Y qué coños es eso?".

 

 

17 Febrero 2009

PARECIDO PERO... DIFERENTE

Believing is Seeing

 

LOS FRUTOS TARDIOS DEL AMOR (I)

 Se cierne la noche sobre las calles sin vida. En un parque desierto que hay junto al camposanto, un perro le ladra a la luna. Tiene hambre. El frío va creciendo junto a los claroscuros -y el silencio- y sujeta a la piedra el polvo y la memoria de los difuntos. En la orilla de la laguna, los cisnes dormitan, erguidos a la pata coja sobre los guijarros, ocultando sus cuellos a la cuchilla sediciosa del miedo, desafiando con su inmovilidad extrema las leyes universales que dictan el orden de lo sucesivo. Porque son esas, las aves que habitan el sueño eterno de las diosas; esas, las que llevan dispersando sus graznidos por el tiempo desde las más antiguas horas y esparciendo sus plumas caídas por los últimos confines del orbe, aún desde antes.

 Las aguas barrosas crepitan junto a la orilla, acariciada la película crujiente que las separa de la noche por las espantadas y tiritonas del viento.

 Se ha decidido a bajar por fin. Lleva un bulto en la mano y siente algo parecido a la pena, algo parecido al amor, algo que es más dulce que la tibieza. Había dejado ya de sentirse un pelele cuando pensaba en ella.

 Cuando la recordaba -riéndose, entre besos, junto al portal de su casa- él se reconocía ahora: airoso, galanteador, enamorado y hasta hermoseado por el paso del tiempo y sus conveniencias. Las palabras que sentenciaron el final fueron sólo eso, palabras, ella le podía haber dicho otras distintas a esas, pero él también podía haber sido otro y ella haber sido otra. Y no se trataba de eso, no. De ella se enamoró porque era la que era. Si pudiésemos ir cambiando la realidad a nuestro capricho las cosas perderían su sentido. En ese caso ella no le habría rechazado y ese paseo por la vereda del parque, con las solapas del abrigo alzadas, que le estaba congelando las manos y llenando el corazón de recuerdos, no habría llegado tampoco a existir. Ella era muy bonita.

 Se detuvo un instante, le pareció entrever en las sombras algo que se movía, oyó un ruido entre los arbustos y apretó el asa con todas sus fuerzas. Venciendo al miedo, penetró en la maleza y vio que no había nadie.

 Alcanzó el estanque. Los cisnes permanecían inmóviles -e inmortales- a unos pocos pasos de la orilla. Miró a la luna y le pareció distinguir en su rostro sendas patas de gallo. "De todo lo que se habrá reído y por todo lo que habrá sufrido", conjeturó. Desabrochó con cuidado la cremallera y sacó a la intemperie a sus dos confidentes. Apoyó el uno contra su clavícula, tensó las cuerdas, y con el otro, con el arco, empezó a adentrarse en el discurrir del tiempo. Poco a poco: al principio, con extrema suavidad; luego, con un brío y una fe cada vez mayores.

 La música comenzó a sonar. De uno en uno, lentamente, los cisnes fueron renaciendo a la vida; de uno en uno fueron adentrándose en las aguas y se pusieron a esculpir una especie de vals ralentizado, deslizándose, en silencio, entre los reflejos argénteos vertidos por la diosa.

Fortuna

 

LOS FRUTOS TARDIOS DEL AMOR (II)

  Conduzco deprisa. Es de noche. Verano. La ventanilla abierta. Me joden los ladridos de los perros. No me dan miedo. Si uno de esos cabrones apareciera de repente enmedio de la carretera lo atropellaría. Puta vida. Putos perros. En el parque, los mismos niñatos borrachos de todos los viernes con la música puesta a toda hostía ¿es qué esos cabrones no sabrán que ya s'han inventao' los mp3's o qué hostias les pasa?. El aire anda medio ejcacharrado y en la radio andan los gilipollas esos de siempre a vueltas -como to' las noches- con el puto Real Madrid de loj cojones. Desde que no está el butano ya no eh lo mimmo. ¡Pablo, pablito, pablete...! je, je, je.... Y eso que yo era un mocoso, me parece, pero me acuerdo de puta madre de la martingala esa de pablo, pablito, pablete... ¡cómo molaba, tronco! o, a lo mejor, de habérselo ejcuchado decir a mi viejo. No sé.

 La casa de campo está toda ojcura y sin travelos: estarán todos por ahí mamándola a destajo ¡qué para eso es viernes!. Me deprime no verlos, coño. Le pego al botón para cambiar de emisora. La música clásica me mola, me pone tranqui. Menos cuando aparece a mitad de la canción un tío o una tía dando la brasa a base de gorgoritos. ¡Gorgoritos por aquí, gorgoritos por acá, cha cha cha...! como la Maria Jesús esa de la puta acordeón. La ponen en el pueblo todos los santos veranos de dios. La hostia. La hostia hacerse viejo y empezar a ponerse en cuclilas como un gilipollas delante de un par de viejas puestas en cuclillas con to'el culo lleno de verrugas. ¿Si eso no es la hostia, qué es la hostia, a ver... piénsenlo?. ¡Qué chunga es la vida, copón!. Otra cosa que no me mola de la música clásica es que poco a poco se ponen a tocar todos muy despacito -o muy bajito, para el caso, no creo que lo sepan ni ellos- y de repente, zas, a meter todos caña con las trompetas o los violones, o como cojones se llamen esos trompetones gigantes que tienen los gordos de las orquestas, a toda hostia. Pero a toda hostia, ¿eh?, qué tienes que bajar el volumen al mínimo si no quieres quedarte sordo. Y el que tampoco me hace puta gracia es el maromo del pito y el gorrito de soldao marica de añonuevo, me levanto con resacaza... todavía medio atragantao con la farla... a la cocina a beber agua helada y ahí está mi vieja, en el saloncito, mirando embobada al maromo del gorro, con cara de gilipollas, la pobrecilla. ¡Qué guapo es! dice en voz alta porque ma' oído pasar por el pasillo y sabe que estoy en la cocina trajinando. Y la hostia tammién, mu guapo, mu guapo... ¡¡qué se te va a quemar el pollo, maama!! voy y la'viso, porque soy un buen hijo. Y práctico.

 He quedao con el Guille y el Chorros en un sitio donde aparcan los coches los fines de semana al lao' del estanque de los patos, porque esta noche vamos a montarla parda. Ma'han dicho que a lo mejor vienen la Yeni y la Sonia. Mejor. A la Yeni me la'ha tirao' ya pero no me importaría repetir. Le pica mucho a la Yeni. Sé que me tiene ganas, la cabrona, y a mi si se me busca me se encuentra. De ley. Yo me'quedao' encargao' de la priba y esos dos comemierdas ma'han dicho que van a llevar to'l pastilleo. Lo vamos a pasar buten. De fijo.

 La última vez estuvo bien, lo pasamos de buten. Bueno, no estuvo tan bien. Nos pusimos hasta el culo de Brugal, como los pijos, y yo me comi un pikachu creyendo que era una verde. El ácido me subió por el culo a la coronilla a velocidad de rayo y a la pipa, los cabrones, no me dejaron ni acercarme. Empecé a soltarles que era poeta o que era Zapatero, o no sé que hostias, y los tíos estuvieron partiendose el culo conmigo toda la noche. Pero hoy va a ser distinto, un par de cubatas o tres, unos magreos a tope con la Yeni dentro del León, haciendo tiempo a que se vayan a su puta casa los coches de to'a la peña de novios que se junta a follar al lao' del estanque, y venga... pim, pam, pum esta noche no pienso dejar vivo a un puto cisne. ¿Vaaale?.

 

14 Febrero 2009

 

El escepticismo. Casi una necesidad moral para poder ser felices.

Cuteness Mania

 

Esta vez me va a tocar vérmelas cara a cara con un tipo raro. Entusiasta y decepcionado a la vez. Vulgar y elitista. Autista, casi nunca. Huraño y enamorado de la gente. Emotivo y frío. Alguien que ha proclamado sentirse un vividor, al que, sin embargo, le seduce cada vez más coquetear con el ascetismo. Me interrumpe este hombre:

 -"Puede usted ahorrarse continuar ideando nuevos calificativos sobre mi, vale resumirme como un modesto aficionado a los placeres. Se trata básicamente de eso".

 -"Mire, lo siento, procuro, siempre que puedo evitarlo, no incurrir en la cursilería".

 -"Hace mal, a veces la cursilería no es más que un desahogo. Otra forma diferente de exabrupto".

 Nos miramos los dos a los ojos. Fijamente. Con cara de póker. Puro teatro: la expectación es mínima, ambos llevamos tratándonos desde antiguo y a estas alturas nos conocemos ya lo suficiente el uno al otro como para no sorprendernos en demasía de nada de lo que aquí juntos, frente a frente, podamos sacar a la luz. Cuando voy a dar comienzo a la entrevista, Julian me interrumpe de nuevo:

 -"Tan solo una matización. A pesar de todo eso que acaba de mencionar usted para ponerles en antecedentes a los lectores acerca de mi encarnadura emocional, deseo manifestarle que en modo alguno me considero a mi mismo un tipo contradictorio".

 Interpreto estas palabras como una finta, de entrada no se me ocurre que pueda pretender mi entrevistado intentando confundirnos a mi y a ustedes. Le pregunto:

 -"Veamos, Julián... ¿qué es para usted lo más importante de todo?".

 -"Nosotros. Uno mismo, nosotros mismos, eso es lo que tiene verdadera importancia. Todos, todos y cada uno de nosotros somos lo más importante que existe. Una vez alcanzada la edad del raciocinio las personas estamos ya solas. Para siempre. Y debemos acostumbranos a esa situación, saber como enfocarla y aprender a apreciarla".

 -"¿No se trata de una postura demasiado egoísta?".

 -"Es lo que hay. Pero... no... no lo creo. Si no somos capaces de amarnos -y comprendernos- a nosotros mismos, difícilmente vamos a poder hacerlo respecto a los demás".

 -"Podría explicar esto con algo más de detalle...".

 -"Es muy sencillo. Para trasmitir bondad debo, primero, ser bueno. Para transmitir felicidad, sentirme feliz. Para ayudar a los demás, para educar a los hijos, preocuparme antes por saber. Y a tales fines -estupendos todos ellos en esencia, me parece- necesitamos, lo primero de todo, querernos, querernos mucho a nosotros mismos, al margen de cual puedan ser en cada momento las circunstancias externas que afecten a nuestras vidas...

 -"... luego... la vida se halla condicionada siempre por un buen puñado de factores ajenos a nosostros; lo reconoce".

 -"Es evidente, hombre. Y precisamente por ello no debemos permitirnos que ni una sola de esas influencias nos aboque a la frustración. A minusvalorarnos. Al abandono personal. Es justo a tales efectos a los que creo que nos interesa, sobremanera, asumir la preeminencia de la soledad y aprender a apreciarla. ¡Mal asunto si pensamos que nuestra felicidad tiene que depender de la conducta de los demás, que deba sustentarse en los comportamientos que ellos mantengan en cada momento hacia nosotros, porque tarde o temprano vamos a acabar exigiéndoles más, bastante más, de lo que, la mayoría de las veces, los pobres se encuentran en disposición de ofrecer!".

-"Esas palabras me resultan familiares. Suenan a desencanto".

 -"¿Y?".

-"¿Debemos hacerle caso a un desencantado? ¿no actuará por despecho, interesadamente?".

 -"Como tarde o temprano casi todo el mundo termina desencantándose -al menos, en cierta medida- mis palabras también habrán de terminar por serles útiles a casi todo el mundo. Bueno... no seamos fatuos, digamos mejor que llegado un momento dado de sus vidas es bien probable que muchísima gente que pudiere conceptuar de egoista una opinión como la expuesta, pase a dejar de hacerlo, porque a su vez comience a opinar de esa forma. Y, ya se sabe, el egoismo es siempre el de "los otros".

 -"Lo que nos faltaba... ¡también es usted un cínico!".

 -"Egoista, cínico, desencantado... ¿no se le ocurre algo más amable con lo que referirse a mi?. Criticar resulta tarea bien fácil: ni uno solo entre nosotros -todos los hombres y las mujeres- llegamos a ser siquiera medianamente perfectos, y sacarles defectos a los demás, así porque sí, sin reservas y sin matices, está al alcance del más tonto del barrio. Basta sólo con ponerse a remedar las manias y las gracietas propias de cuando adolescentes adaptandólas a la edad adulta. Pero... ¡qué va a hacérsele, la arrogancia y la insidia rinden unos frutos tan provechosos por estos pagos que no creo que ni una ni otra vayan a poder desaparecer por las buenas!.

 -"Bueno, mire, perdone que se lo diga, pero usted no es nadie para darle lecciones de moral a nadie. Pues bueno es usted que a la menor disputa en la que se ve incurso termina perdiendo los papeles y levantando la voz".

 -"No siempre, las más de las veces trago; bien lo sabe. Pero sí, lo admito, hay ocasiones en la que me cuesta dominar la ira. Cuando, exhausto y afónico después de argumentar una y otra vez lo que defiendo desde muy diversas perspectivas, la réplica que obtengo por parte de los demás prescinde de fundamentarse en el mínimo razonamiento, me enfado. Y luego me arrepiento, y pido perdón, pero de entrada he metido la pata. Todavía no he aprendido a bandear ese tipo de lances -ya ve como no soy tan cínico- sin expresar en alto la valoración moral que me merece el talante de mi antagonista. Recapitulemos entonces: soy alguien egoista, cínico, escéptico y proclive a la ira. Todo eso soy. Y algunas cosas algo mejores, también... supongo. Yo a usted, en cambio, prefiero preguntarle por sus virtudes ¿le importaría enumerármelas?.

 -"Lo siento. Yo soy aquí el que pregunta. No el que responde".

 -"Bueno, si no le molesta, me aventuraré yo a hacerlo, creo que le conozco bastante bien. Lo veo a usted como un tipo entusiasta al que le gusta esmerarse por agradar al prójimo. Un tipo que se emociona con facilidad, un poco a lo tonto, tal vez, pero eso no es tan malo. Predomina en usted la vena optimista y se siente incapaz de hacer daño a propósito a los demás: a los que no se lo merecen porque fastidiarlos supondría una injusticia y a los que sí se han hecho acreedores a que usted les sacuda caña, porque elude los enfrentamientos. Teme a la gente, no se fía de ella, sabe que un caso de apuro nunca iba a poder llegar usted a competir con sus mismas armas".

 -"Soy un cobarde entonces, más de una vez he sopesado esa posibilidad...".

 -"No, usted no es un cobarde, al principio empieza por plantarles cara -con sensatez, sin dobleces- a los acontecimientos, pero esto le termina cansando, incluso amedrentando, lo que usted quiere en el fondo es vivir en paz, no desperdiciar su tiempo en largas discusiones, y termina por claudicar y enrocarse tranquilamente en el apaciguador refugio del escepticismo. Lo sé de buena tinta, no me lo niegue, porque en esto los dos somos clavados. Ambos estamos de acuerdo en que hay que saber disfrutar de la vida según se nos va sirviendo. Y... los pellejos y las raspas, cuando aparezcan ¡directos al cubo de la basura!. ¿O no?".

 -"¿Ese que hemos colocado en el rincón más antipático de nuestra memoria?".

-"No. En nuestras memorias no es conveniente que quede ningún desperdicio. Mejor escribir sobre el problema en un archivo de word y acabar tirando el texto a la papelera de reciclje".

 -"¿O volcarlo en un blog?".

 -"O volcarlo en un blog. Tanto da. ¡Para lo que se leen!".

10 Febrero 2009

PROMESAS INCUMPLIDAS

En el filo de la soledad recupero entre el tiempo una promesa que vaga a la deriva sin encontrar su destino. Porque es en el silencio, y no en otros pasajes más patentes del orbe, donde se depura el pensamiento que hospeda los recuerdos.

4 Febrero 2009

MESSAGE IN A BOTTLE

Bottiglie / Bottles por C'est moi!.

 

Hace ya dos años que puse en marcha este tinglado. O por ahí. ¿Y qué hacemos para celebrar el acontecimiento?. Nada, no vamos a hacer nada. Consignar una vez más que seguimos en pie, inasequibles al desaliento (no me resisto a recurrir al tópico esta vez, viene al pelo) lanzando al mar una botella vacía detrás de otra con sus correspondientes mensajes dentro del vidrio. Porque -seguro que de eso sí que se habrán dado cuenta- esto es una isla, o mejor un islote, abrupto, lleno de flores, con algunas praderas, serpenteantes arroyos, que únicamente se encuentra habitado por un servidor, el burro delante..., y otros pocos desencantados, escasos, que han huido a bordo de una pequeña barca, remando a lo bestia y leyendo a lo listo, del "Caspa & Bilis": un transatlántico inmenso, horrible... en el que por las noches no deja de sonar la charanga ¡hasta las tantas! y los gritos y los insultos entre los pasajeros, a causa de la más mínima incidencia surgida, incluso de su sugestión, constituyen la causa fundamental que dota de sentido a la travesía. E incluso al barco.

 

Lamentable barco el "Caspa & Bilis" avanzando a trompicones, sin un rumbo fijo, con el pasaje enredado todo el tiempo en discusiones bizantinas que acostumbran a terminar a hostias y sufriendo un naufragio tras otro a causa de la impericia y la prepotencia de la tripulación que lo gobierna. No hay que tener lástima, sin embargo. Bien satisfechos y orgullosos que se sienten unos y otros, en su inmensa mayoría, de tales peripecias: su murga, sus invectivas, su ignorancia... porque lo peor... lo más lamentable de toda esta historia de la que les hablo es que en el Caspa & Bilis nadie - ni el capitán ni la tripulación ni el pasaje- se arrepiente ni por asomo de su manera de actuar y todos ellos concuerdan en alabar casi hasta llegar a incurrir en la arrogancia, y esto es ya a mi juicio el colmo de las aberraciones, los peculiares atributos de la nave. Ese triste armatoste gris lleno de remaches y hollín que vaga a la deriva, en solitario, rugiendo, permanentemente extraviado entre fantoches, matones y aquelarres.

 

Permanezcamos entonces nosotros, a salvo, en la isla, a la espera de que venga a rescatarnos el Caspian & Bilitis, entretenidos con bromas sin saña, protagonistas de apacibles aventuras cual personajes del señor Defoe o el abate Swift y dejemos una vez más que el otro barco atraviese la línea del horizonte, ante nuestros mismos ojos, sin agitar ninguno de nosotros el pañuelo.

 

¡Uffh! ¡Ya pasó de largo! ¡Qué alivio!.